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¿Sabías que la ciudad de Calahorra, en La Rioja, estuvo asediada durante meses en el año 73 a.C? Encerrados en casa, como nosotros ahora… Refugiados tras una muralla, vigilados y acosados por un ejército romano. Ellos resistieron, como nosotros ahora… Tenían muy pocas tropas y se les agotaba la comida y el agua. En eso estamos mejor nosotros ahora, la verdad 🙂

Sobre este marco histórico, el escritor navarro Agustín Tejada, escribió una espléndida novela que se titula El último celtíbero y que os recomendamos leer precisamente ahora. Porque es una historia de dificultades, de situaciones límite, de superación y aprendizaje. También tiene aventura, amor, dolor, lealtad, coraje… Y nos enseña que al miedo más terrible podemos vencerlo estando juntos y siendo generosos.

Así comienza la novela, narrada por su protagonista, Kalaitos. Es un prólogo sencillamente delicioso.

Nací en tiempos convulsos. La guerra rompió mi niñez, empeñó mi juventud y me empujó a una madurez prematura y dramática. El destino o mi conciencia me llevaron a abrazar la causa imposible de un general llamado Quinto Sertorio. Ya pelear a su lado pensando que su victoria en Roma sería también la nuestra, la de todos los pueblos hispanos que decidimos seguirlo en su aventura, atribuyendo a aquel soñador rebelde la capacidad y la voluntad de restituirnos a unas libertades ya casi olvidadas.

Fui guerrero celtíbero antes que legionario. Y llegué a Calagurris Nassica en calidad de legado. El último legado del general Sertorio. No el mejor, seguramente. Quizá sí uno de los más leales.

El asedio de Calagurris desnudó con crudeza todos mis defectos, como militar y como persona. Corrigió muchos de ellos, supongo. Pulió algunas virtudes. Dejó entrever ciertas cualidades. Pero, sobre todo, enterró mis fantasmas. En Calagurris abandoné una amargura que llevaba años persiguiéndome, y la cambié por una felicidad tan intensa, desesperada y real como la pelea que librábamos a diario.

En Calagurris Nassica perdí una guerra que ya estaba perdida; perdí mucho, pero gané más. Me hallé a mí mismo. Encontré a seres admirables entre sus combatientes. Entre todos pusimos los cimientos de una gloria futura. Entre todos construimos la leyenda de una ciudad prisionera de su honor.

Esta es la historia de aquella resistencia. Esta es la crónica de la lucha abnegada de miles de hombres y mujeres que no sabían rendirse.

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