Algodoneros, los.
Pieridis, Y.f. / Latorre Broto, E.
A principios del siglo xix, cuando Egipto todavía era una provincia otomana, el bajá Mehmet Alí ofreció ventajosas condiciones a todos los extranjeros que quisieran venir a establecerse allí con el fin de modernizar la agricultura del país, activar la economía e iniciar la industrialización. Ingleses, franceses, italianos y griegos, entre otros, aceptaron la invitación y termin...
Sinopsis
A principios del siglo xix, cuando Egipto todavía era una provincia otomana, el bajá Mehmet Alí ofreció ventajosas condiciones a todos los extranjeros que quisieran venir a establecerse allí con el fin de modernizar la agricultura del país, activar la economía e iniciar la industrialización. Ingleses, franceses, italianos y griegos, entre otros, aceptaron la invitación y terminaron constituyendo comunidades de gran poder económico. Dedicada principalmente al comercio y a los negocios, la comunidad griega en concreto alcanzó tan alto grado de prosperidad que le permitió crear su propio mundo, hermético y autosuficiente, en el que los contactos con su entorno eran los mínimos imprescindibles y limitados siempre a los grupos de origen europeo. Asentada en las principales ciudades de Egipto, la ya muy numerosa colonia griega disfrutaba de su mejor momento en la primera mitad del siglo xx. Su esplendor se reflejará también en su vida intelectual: escritores como Constantino Cavafis, Glafcos Alicersis y Nicos Nicolaidis encabezaban una agitada actividad cultural y editorial tan brillante que el propio Yorgos Seferis llegó a decir que Alejandría era la gran metrópolis del Helenismo. En efecto, teniendo Grecia como su referente más inmediato pero sin sufrir las convulsiones políticas y sociales que se dieron allí en el periodo de Entreguerras ?la Catástrofe de Asia Menor, los vaivenes entre república y monarquía, la dictadura de Metaxás?, con plena conciencia de su propia diferencia, su vida transcurría tranquila y ajena por completo a las realidades del país que les había acogido y que seguían sintiendo extranjero. Si algún escritor había elegido Egipto como tema de inspiración para sus obras, se había limitado a verlo desde fuera quedándose en la superficie de su impresionante historia y evocando el exótico pintoresquismo de sus tipos y gentes, sin profundizar ni en su problemática real ni en sus propias relaciones con ellos. El estallido de la II Guerra Mundial, la ocu
Comentarios
Sé el primero en comentar este libroArtículos relacionados
Otros libros del autor