Donde Hay Agravios no Hay Celos
Rojas Zorrilla,Francisco De
DONDE HAY AGRAVIOS NO HAY CELOS La situación está planteada con sorprendente agilidad. Don Juan y Sancho llegan a Madrid de noche. Buscan la casa de don Fernando de Rojas, con cuya hija va a casarse el galán. Al llegar ante la fachada, ven a un desconocido descolgarse desde el balcón. Una confusión del criado, que ha enviado su propio retrato en vez del de su señor, facilita el...
Sinopsis
DONDE HAY AGRAVIOS NO HAY CELOS La situación está planteada con sorprendente agilidad. Don Juan y Sancho llegan a Madrid de noche. Buscan la casa de don Fernando de Rojas, con cuya hija va a casarse el galán. Al llegar ante la fachada, ven a un desconocido descolgarse desde el balcón. Una confusión del criado, que ha enviado su propio retrato en vez del de su señor, facilita el trueque de identidades que permitirá al pundonoroso protagonista averiguar la verdad de los hechos. Entre las paredes de la casa de don Fernando se van a encontrar los personajes relevantes de un tempestuoso pasado, que incluye la muerte violenta del hermano de don Juan a manos de un desconocido, la fuga deshonrosa de su hermana y las angustiosas sospechas que ha desatado en el protagonista el galán que saltó del balcón a la calle la noche de su llegada. (...)El título que Rojas puso a su obra, Donde hay agravios no hay celos, quintaesencia el sentido de la comedia pundonorosa. Don Juan se presenta como una encarnación de la moral aristocrática, que exige el sacrificio del sentimiento personal. Sin embargo, el sobretítulo que pronto se impuso (Amo criado) llama la atención sobre el juego teatral que conlleva el trueque de papeles entre el galán y el gracioso. Sancho se convierte en una zafia parodia del caballero en vísperas de casarse. Sus esfuerzos por engolar la voz o adoptar ademanes nobles y educados chocan con su atolondramiento y con su inclinación a la vida poltrona y despreocupada de las convenciones sociales. ABRIR EL OJO Abrir el ojo, más tardía, se distancia más decididamente de las convenciones dramáticas y sociales. Aquí no se trata de galanteos intrascendentes, sino de relaciones sexuales plenas e irregulares, miradas siempre con indulgencia y despreocupación. Aquí lo de hacer el amor hay que entenderlo en la acepción galicista que finalmente se ha impuesto en el español de hoy: copular, tener acceso y ayuntamiento carnal. Sobre estas actividades, cuando se realizaban fuera
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