Elogio de la Cortesia Bm-155
Barjau, Eustaquio
El individuo humano, y no sólo para defenderse del frío, protege su cuerpo con prendas de vestir, entre las que cabe distinguir entre la «ropa interior» y los vestidos y los trajes, que se ven; protege también su vida cotidiana con puertas Â-las de las habitaciones de la casa, la del piso, la del portal de la calleÂ-; la protege también con vallas y setos Â-los que defienden el...
Sinopsis
El individuo humano, y no sólo para defenderse del frío, protege su cuerpo con prendas de vestir, entre las que cabe distinguir entre la «ropa interior» y los vestidos y los trajes, que se ven; protege también su vida cotidiana con puertas Â-las de las habitaciones de la casa, la del piso, la del portal de la calleÂ-; la protege también con vallas y setos Â-los que defienden el espacio de los habitantes de una urbanización, por ejemploÂ-, con murallas y fronteras. La «habitación propia» reivindicada por Virginia Woolf para la mujer la necesita también el hombre. Una voz abandonado el espacio inaugural, el espacio de dos, «la interior bodega», el individuo humano lleva siempre consigo una especie de «habitación propia»: la «guarda» de este espacio está encomendada a la cortesía.
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