Malditos se Reunen
Mitrani, David
La literatura siempre ha sido un arma Mitrani rechaza de entrada la etiqueta de "intelectual" y la crítica literaria tiene problemas para situarlo en alguno de sus compartimentos, lo cual, para empezar, es buena señal, porque indica que sigue un camino propio, con lo que parece estar ganándose a pulso la categoría de "independiente". Asegura no estar comprometido con ninguna cl...
Sinopsis
La literatura siempre ha sido un arma Mitrani rechaza de entrada la etiqueta de "intelectual" y la crítica literaria tiene problemas para situarlo en alguno de sus compartimentos, lo cual, para empezar, es buena señal, porque indica que sigue un camino propio, con lo que parece estar ganándose a pulso la categoría de "independiente". Asegura no estar comprometido con ninguna clase de poder, sino "con principios que considera justos", porque el escritor de ficción cercano al poder está obligado "a traicionar el idioma artístico, a asumir códigos comunitarios y a acercarse a la retórica convencional". Mientras que el escritor, como artista, "no interesado en el panfleto, se vale de códigos más complejos, no triturados, que no pueden identificarse a la ligera con una posición política ni con un análisis social". Tal vez como el padre que no puede expresar en voz alta la predilección por ninguno de sus hijos, pero siente una pulsión íntima inconfesable por alguno de ellos, conseguimos arrancarle una confidencia muy personal: "admito que como creador disfruto más el cuento breve, me permite desarrollar mayor cantidad de anécdotas y dejar menos para otra existencia. El cuento concede menos oportunidades para el arrepentimiento; es una pieza pequeña que puede valorarse de un vistazo; su cadencia, su estructura, sus puntos débiles, se avizoran con rapidez". Desde ese preámbulo nos acercamos a "Los malditos se reúnen", un conjunto de ocho historias aparentemente divergentes, pero que según es costumbre en Mitrani, parten siempre de un hecho concreto, no de un concepto. El hecho puede ser vital o fruto de sus lecturas, pero en cada caso funciona como la espita del gas que, una vez abierta, ofrece una combustión generosa y homogénea. Sin que, en rigor, se pueda establecer una temática común, sí comparten las ocho historias un ambiente similar. Laten en todas ellas, con más o menos fuerza, las coordenadas geográficas de una Cuba caliente que tiñe las escenas de un erotismo
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