Mis Queridos Politicos
Retratos Poeticos y Antipoetic
Francisco Umbral
Francisco Umbral se solía jactar de haber aprendido su oficio en el ejemplo de los poetas, y, aunque escribió poca poesía como tal, lo poético permea todos sus escritos, incluyendo sus libros ensayísticos y sus artículos de periódico. Además, heredero de autores como Larra y Valle-Inclán, Umbral estuvo obsesionado con la España contemporánea, Del 98 a Don Juan Carlos (1992). Po...
Sinopsis
Francisco Umbral se solía jactar de haber aprendido su oficio en el ejemplo de los poetas, y, aunque escribió poca poesía como tal, lo poético permea todos sus escritos, incluyendo sus libros ensayísticos y sus artículos de periódico. Además, heredero de autores como Larra y Valle-Inclán, Umbral estuvo obsesionado con la España contemporánea, Del 98 a Don Juan Carlos (1992). Por eso, le dedicó páginas incontables, con la peculiar perspectiva de su pluma subjetiva, descarnada, irreverente y con los típicos toques esperpénticos de un Museo nacional del mal gusto (1974). Entre todos los Suspiros de España (1975), a Umbral le fascinaron Los políticos (1976), casi como una atracción fatal. Así, mezclando la poesía con su inigualable capacidad para la crónica, en este libro se recopilan, diez años después de su muerte, textos escritos por Umbral sobre algunos de los políticos de más interés para la España actual, de Fraga a Jordi Pujol y de Felipe González a Rajoy. Para marcar la diferencia entre la belleza lírica de sus alabanzas y el agrio tono de sus ataques, estos textos se presentan aquí como retratos poéticos y antipoéticos. Francisco Umbral (Madrid, 1932-2007) es una de las figuras más importantes de la literatura española del siglo XX. Tras ganar el Premio de cuentos Gabriel Miró en 1964 por su libro Tamouré, su carrera fue en ascenso, hasta obtener el Premio Cervantes en el año 2000. Provocador y mediático, hizo un fascinante personaje de sí mismo, de pose dandy, en el que verdad y ficción se mezclaban vertiginosamente, a la manera de escritores admirados, como Quevedo, Baudelaire y Ramón Gómez de la Serna. Con una producción casi perpetua, publicó más de cien libros y colaboró con los periódicos nacionales más importantes, a razón de un artículo o más al día. Fueron muy conocidos sus periodos en El País, donde se convirtió en uno de los principales cronistas de la Transición, y El Mundo, en el que escribió desde 1989 hasta su muerte en una sección titulada Lo
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